domingo, 28 de diciembre de 2014

Cenizas de Fénix

Les traigo mi destrucción.
Así, como quién encuentra en medio de la tempetuosa tormenta un resguardo de las afiladas gotas que golpean el cuerpo. Así, como quién escapa del enfurecido viento que revolotea sus cabellos. Así, escapa el cobarde de las llamas del Fénix. Así,  escapa el cobarde de las gotas que azotan con fuerza en la tempestad de la vida.
¿Porqué esconder el cuerpo a la experiencia del dolor, del frio mojado, de la incomodidad de enterrarnos en el pegajoso barro?
Escondete en tu resguardo, en tu escondite, de la tormenta y verás pasar frente a tus ojos a quiénes no le temen al putrefacto lodo en sus suelas, ni al frio del viento, ni a la oscuridad de sus ojos cerrados por el agua que apenas lo deja respirar. Los verás pasar, correr y sufrir, pero nunca detenerse y así también los verás llegar a sus destinos antes mucho antes. Y ahí seguirás tú:  lamentándote la lluvia, la tormenta,  la tempestad, inmóvil, seco.
Esta es mi tormenta y mi fuego del Fénix que me quema. Fuego que me consume, me hierve la piel y la desgarra, la rompe a pedazos. Esta es mi tormenta que me vuelve cenizas ardientes. Esta es la tempestad que me vuelve polvo humeante.
Con este blog les traigo a ustedes mi corrida bajo la lluvia de fuego, mi putrefacción, mi destrucción, mis cenizas y mi renacer.

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